Title: Comedia de la Soberana Virgen de Guadalupe, y sus milagros, y grandezas de España

Author: Miguel de Cervantes

Language: Spanish

Year of First Publication: 1617

Edition: José María Geofrin, Sevilla, 1868

License: Public Domain

Last revision: June 28, 2020

Comedia de la Soberana Virgen de Guadalupe, y sus milagros, y grandezas de España


Miguel de Cervantes

Index

Index


Jornada primera

Jornada segunda

Jornada tercera

Jornada cuarta

 



NOTA DEL EDITOR.

El auto o Comedia de la soberana Virgen de Guadalupe, y sus milagros y grandeças de España es un breve texto anónimo impreso en Sevilla en 1617, por Bartolomé Gómez de Pastrana; consta de nueve folios a doble columna en cuarto, además de una loa en redondillas, una licencia fechada en 1598 y una tasa de 1608, ambas a nombre de María Ramírez, vecina de Alcalá de Henares. 

Puede haber habido ediciones anteriores de esta comedia en 1615 y 1605. José Sánchez Arjona en 1887 documentó que la obra fue representada, aunque no premiada, durante las fiestas del Corpus en Sevilla en 1594, año en el que Miguel de Cervantes vivía allí. La obra, literariamente poco significativa, fue atribuida en 1840 por el estudioso Juan Colón a Cervantes. Con posterioridad, otros eruditos defendieron la autoría cervantina de esta obra teatral (como José María Asensio​, que la reimprimió en 1868 o José Ortega Morejón​) con argumentos​ que han sido considerados generalmente discutibles por la crítica.


LICENCIA.

Yo Gonzalo de la Vega, Escribano de Camara del rey nuestro señor, doy fee, que por los señores de su Real Consejo, se dió licencia á Maria Ramirez viuda, vecina de la Villa de Alcalá de Henares, para que pudiesse imprimir una Comedia, que se intitula, de la Soberana Virgen de Guadalupe, y sus Milagros, y Grandezas de España, &c. Y para que dello conste, por mandado de los dichos scñores, di la presente, que es fecha en la Villa de Madrid, á veynte y dos dias del mes de Agosto, de mil y quinientos y nouenta y ocho años.

Gonzalo de la Vega.



TASSA.

Yo Francisco Martinez, Escribano de Camara de su Majestad, y uno de los que en el su Consejo residen, doy fee, que por los dichos señores del Consejo, se tassó una Comedia intitulada, de la Virgen de Guadalupe, y sus Milagros, y Grandezas de España, á cinco blancas el pliego en papel; y á este precio y no á mas se pueda vender; con que antes que se venda se imprima esta Tassa, y se ponga en cada volumen. Y para que dello conste, de pedimicnto de Maria Ramirez, y mandamiento de los dichos señores, di la presente, En Madrid, á doce dias del mes de Otubre de mil y seyscientos y ocho años.

Francisco Martinez.





COMEDIA DE LA SOBERANA VIRGEN DE GUADALUPE.


SON INTERLOCUTORES:

BENH ALAMAR Moro.

ABENAMAR Moro.

ALIATARFE Moro.

CEGRIMO Moro.

ALARICO Godo.

SISIBUTO Godo.

TEODOREDO Godo.

HONORIO Godo.

ROSIMUNDA Goda.

VN PASTOR DE CÁCERES.

AURELIA SU muger.

FRANCISQUITO SU hijo.

Dos CIUDADANOS DE CÁCERES.

EL CURA DE CÁCERES.

MARCELO pastor.



NTRA. SEÑORA DE GUADALUPE.


«Tocan de dentro á rebato, y salen los quatro Moros con las espadas desnudas, y Aliatarfe con la Vandera.»


BEN. —Valiente assalto.


ALIAT.— Braua escaramuza,

A pesar de las armas del Christiano.


CEG.—Y a el valiente Español las armas cruza,

Y siente en su ceruiz el pie Africano.


ALIAT.—Planta en lo alto esse Pendón de Muca

Del humillado Alcayde Seuillano,

Valiente Benhalamar, cuya gloria 

Será cierta señal de la Vitoria.


BEN. —Muestra, pondrele en la mas alta almena

Que si vna vez en ella se enarbola,

Nuestra Luna verás creciente y llena

Y la luz de su Sol turbada y sola.


Toma el pendón, y vase Benhalamar con él.


ABEN. — O famosa ciudad, de amparo agena,

Que de vna y otra margen Española

Fuyste Corona, gloria y ornamento.


CEG. —No ay fuerca que no esté sujeta al viento.


ALIAT.—Ya de los vitoriosos Tafetanes

Se mezclan con las nuues los azules,

Con las Lunas de Mucas y Sultanes,

Y Estrellas de los Árabes Gazules.


CEG. —Quando aquesta ciudad insigne allanes,

Y sus turbados Godos atribules,

Piensas quedarte en ella deste modo,

O yr siguiendo el fugitiuo Godo?


ALIAT.—Pienso, Cegrimo fuerte, no dexallos

Hasta llegar á do los lleua el miedo,

A Cordoua me animan sus cauallos,

Y sus bellas mugeres á Toledo:

En las Montañas pienso conquistallos,

Y á Francia amenazar desde Laredo,

Y assí verán que desta suerte llego

Al rico Altar de su Patrón Gallego.

Que vna vez humillado su Rodrigo,

Como en los campos de Xerez lo dexo, 

Por la industria del Conde su enemigo

Y de aquel Alfaquí prudente y viejo,

No á de templarse de África el castigo

Menos que con romper su claro Espejo

De la Torre que yua á la Coruña,

Mientras mi diestra aquesta espada

(empuña.


Sale Benhalamar con Rosimunda pressa, amenazándola.


BEN. —De las riquezas del saco

yo traygo Aliatarfe al justo

con que mi cudicia aplaco.


Rosi. —Desuia el braco robusto

Moro, de vn pecho tan flaco.

Non pienses que se acomoda

á la mi entereza Goda

tu Africana fuerca aquí,

que non auras parte en mi

maguer que me tienes toda.


ALIAT.—Por Alá, Christiana bella:

do la hallaste?


BEN. — Mas á donde

me halló, le pregunta á ella.


ALIAT.—Habíame, Estrella, responde.


BEN. —Di Sol, que es muy poco Estrella.


CEG. —Y en qué su silencio funda?


Rosi. —Si fuyr de la coyunda

en que ya por vos estoy


BEN. —Que piensa hazer tu dureza

non puedo,sabed que soy

la mísera Rosimunda.

De aquel Alcayde Christiano

del Alcacar Seuillano

soy muger, aued manzilla.


ALIAT.—Tu velleza fuera en vano

querer, Christiana, encubrilla.

Porque en tu serena frente

se echa de ver claramente

como en tabla de pintor,

el rostro de su Señor

quan satisfecho se siente.


BEN. —A dónde está tu marido?


Rosi. —Muerto cuydo que fincó

ó entre los muertos ferido,

porque el que es orne de pro

no nace para fuydo.


CEG. —Embidia me dá tu bien,

vamos nosotros también

á buscar nuestra ventura.


ALIAT.—Cegrimo, el passo apressura,

y la esperanca entreten,

que no faltarán Christianas

que la ygualen en belleza.


BEN. —Entra, que oy todo lo allanas.

Vanse, y quedan solos Benhalamar y Rosimunda. 

mi ventura y fuercas vanas?

Que España vá de vencida,

la Morisma la atropella,

de vuestro Iulian vendida:

no á de quedar Templo en ella,

ni Cruz, ni Imagen á vida.

Pues si á de ser de Mahoma,

su seta y su nombre toma,

por tu. marido me escoge,

que no importa que se enoje

esse tu Alfaquí de Roma.


Rosi. —Non digas tales sandezes

en deshonra de las Cruzes,

que aun nombrarlas no mereces,

si á los nobles Andaluzes

quitas piedras, sangre ofreces.

Que el que pendiente entre clauos

nos hizo libres de esclauos,

vos fará esclauos de libres,

maguer que la lanca vibres

faziendo besar los clauos.

Por ende, non me persigas

con halagüeñas maneras,

que á mas durezas me obligas.


BEN. —Por fuerca haré que me quieras.


Rosi. —Cómo, las manos me ligas?

Éntranse medio luchando y sale Alarico con

la espada, y debaxo del braco á Nuestra Señora.


ALAR. —Madre de los mortales, 

que por serlo dichosa

del inmortal que vino á ser humano,

vos llaman en sus males

Clemente y Piadosa,

y el orne humilde, á Dios excelso

del bárbaro Africano, (hermano:

que assí vos amanzilla

libraros ende quiero,

y assí fazerlo espero,

deuota Imagen de la gran Seuilla,

que de Roma embiada

fuystes á España, por Patrona amada.

Mas si este sieruo atañe

como Christiano, y decendiente Godo,

para que non vos dañe

el bárbaro Africano de algún modo,

vengo y lo dexo todo,

esposa, y hijos caros,

porque el Alarbe fiero

non vos arroje al fuego,

y me atreuí á sacaros

del Templo, do os tenia

la deuocion de aqueste pueblo y mia.

Si por tocar al Arca

del viejo Testamento,

su pueblo Dios con tal rigor castiga,

Arca, del Patriarca

Diurno saluamento

para el género humano, que os bendiga,

lo mas que dezir puedo, 

Arca do Dios estuuo,

crió, guardó, y mantuuo,

fazed que non se quede

el Moro sin castigo

que en campos de Xerez venció á

Rodrigo mal fadado, (Rodrigo.

y arrepentido tarde,

por sus pecados oy á España pierde

del bárbaro incitado

de Iulian cobarde,

fazed que de su tuerto se le acuerde,

que tiñe el campo verde

entrando por Seuilla.

Mas, ay Virgen hermosa,

Rosimunda mi esposa

no es la que ende á vuestra luz se

(humilla?


Salen Benhalamar y Rosimunda, la qual como ve á la Virgen se humilla.


Dexa mi esposa amada,

Moro cruel, por esta santa espada.

Aquí ha de salir fuego de la espada de Alarico.


BEN. —Qué fuego es el que me enciende,

qué Sol es este que miro?

que quanto mas me retiro 

mas me abrasa y comprehende.

Que espada es esta de fuego

con que me matas, Christiano?

guarda, espera, ten la mano,

que me abraso y quedo ciego.


Vase Benhalamar, y alease Rosimunda.


Rosi. —Alarico, esposo mió?


ALAR. —Rosimunda, esposa cara?


Rosi. —Quién verte viuo cuydara?


ALAR. —Esto y mas en Dios confio,

y en esta Imagen, por quien

la del Cielo se lo ruega.


Rosi. —Que assí á los bárbaros ciega;

finque en sus manos mi bien.


Dizen todos de dentro, Li, li, li.


ALAR. —Ya suena mucha morisma,


Rosi. —Tu esposa quieres dexar?


ALAR. —Non es de pro el replicar,

la de Dios conmigo viene.

Que en estos estremos dos

fuera fazaña injuriosa,


ALAR,

ROSI.

si non en el alma misma.

Que vos dexe me conuiene. 

por querer guarir mi esposa,

dexar la Esposa de Dios.


Rosi. —Bien dizes, que non ay joya

que con tal razón rescates.


ALAR. —Estos serán los penates

que saco ardiendo de Troya.

Maguer que el fuego no aplaque,

y el humo en ceniza veas,

non facan cuyta que Eneas

mayores riquezas saque.

Non lleuo ya padre al hombro,

si non la Madre del Padre,

de cuyo Fijo fué Madre

y home y Dios adoro y nombro.

Y non es mucho que aquí,

entre tantos embaracos,

lleue yo á su Madre en bracos

si él lleuó una Cruz por mí.

Y moriré mas honrado

si soy con ella cogido;

que él murió á una Cruz asido,

y yo á su Madre abrazado.


Rosi. —No me dá esso muchos celos,

ni que oluides tu muger,

que aquí los pueden tener

de tus amores los Cielos.

Que esta forma á toda ley

es de su dueño noticia,

como vara de justicia

que se respeta por Rey. 


Hazen que se van á entrar, y salen los Moros, y Rosimunda haze que se turba, y escúndese á los lados.


ALIAT.—Qué assí te cegó la vista

de aquel tan ciego Español?


BEN. —Aliatarfe, á tanto Sol

no ay Águila que resista.

Yo vi una espada secreta

bañada en fuego hasta el pomo.


ALIAT.—Espada de fuego? cómo?


BEN. —Como vn ardiente Cometa.

Es qual Rayo, blanco azero,

y el pomo vna Estrella ardiente.


ABEN. —Es Mágica aquessa gente?


Rosi. —Reyna Santa, en vos espero.

No.n permitades que ya

perezca por estar sola.


ALIAT.—No es aquella la Española?


BEN. —Ella misma, y sola está.


Rosi. —Virgen, socorredme vos.


ALIAT.—Prendelda.


CEG. — Qué es de ella? adonde?


ALIAT.—A Christiana?


CEG. — No responde.


ALIAT.—O quanto puede su Dios.


CEG. —De aquí se á desparecido,

y como niebla se á ydo. 


Vase Rosimunda por entre los Moros, y no la veen.


ABEN. —Que es hechizera sospecho.


ALIAT.—No hechizo, milagro á sido,

á pesar del vil Profeta,

que no tuuo fuerca aquí. (Ap.) .


ABEN. —No la vistes todos?


TODOS. - Sí.


ABEN. —Si está entre los tres secreta?


CEG. —Escapóse qual el viento.


BEN. —Busquemosla.


ALIAT.— Dios la guarda;

ven.


BEN. —La espada me acobarda.


ALIAT.—Verla en el alma lo siento.


Vanse todos, y salen Alar ico, Sisibuto, Teodoredo, Honorio.


ALAR. —Sabe Teodoredq el Cielo

quanto el encontrarte aquí

oy, á sido para mí

de inestimable consuelo;

ende mas con el Tesoro

que de Ecija traes guardado.


TEOD. —Esse solo era el cuydado.

del fiero Bárbaro Moro. 

Lleué qual Sacre, no humano,

con astucia y con silencio,

el cuerpo de San Fulgencio

de nuestro Arcobispo hermano;

y assi vine á Guadalupe

fu yendo de sus fazañas

porque de aquestas montañas

la grande aspereza supe.

Mas di, qué Imagen es esta

que de Seuilla as traydo?


ALAR. —Al mismo intento é subido

tan alta y fragosa cuesta.

Y porque mejor entiendas

su valor, atento escucha,

verás que de estima es mucha,

y sin iguales sus prendas.

Quando el famoso Dotor

Gregorio, con santo zelo,

la gran Máquina regia

de la Ñaue de San Pedro,

peste fiera oprimió á Roma,

y al santo Vicario el pecho,

y una Procession ordena

en pro del común remedio.

El Domingo de la Pascua

que se celebra el Misterio

del Triunfante Christo viuo,

en quanto orne el Viernes muerto,

sacó Gregorio esta Imagen,

la propria que á guarir vengo, 

por cuyas cenefas viuas

se ablandasse el Fijo tierno.

Non fué Dios en la su yra

como los ornes soberuios,

ni qual Faraón de Egipto

que tuuo entrañas de fierro*

Que el nuevo Moyses Gregorio

falló remedio á su ruego;

que la Oración es ganzúa

que abre las puertas del Cielo.

Donde se oyeron entonces

los Angeles con concierto,

Regina cceli, l&tare,

con diuersos instrumentos.

Y añadiendo San Gregorio

el Ora pro nobis Deo,

cessó la peste de Roma,

y sobró salud al pueblo.

Fué su amigo San Leandro,

siendo Arcobispo, gouierno

de la afligida Castilla

por el Morisco soberuio.

Reynó después Don Rodrigo,

que ya aquesto es manifiesto,

mas como non á regado

qual otro Dauid el lecho,

dexó Dios viuo á un Elias

que les destruyesse el Reyno.

Yo viendo que los Alarbes

las Iglesias y los Templos, 

por fazer tuerto á los Santos,

yuan abrasando en fuego,

teniendo á esta Santa Imagen

lástima, amor y respeto,

dexé esposa, patria y fijos

y aquí la traygo fuyendo,

faziendo Altar de mi alma,

y Sagrario de mi pecho.


TEOD. —Iustamente, y como es justo,

as hecho amigo Alarico,

pues por Tesoro tan rico

truecas tu tierra y tu gusto.

Y pues que non sin misterio

en los montes nos hallamos,

las Reliquias guarezcamos

del Morisco vituperio.


SISIB. —Dónde las ocultaremos?


HON. —De aquí entre la xara y yerua

vide salir una CIERUA

de una cueua.


SISIB. — Ahí podemos.


TEOD. —Pues, amigo Sisibuto,

vos y Alarico traed

el Santo Cuerpo, y faced

obsequias de alegre luto;

que yo faré de la cueua

Monumento y Templo Santo.


ALAR. — Y yo de aquella otro tanto

que conuierle en Aue el Eua.


HON. —YO también pienso fincar 

una Campana con ella.


TEO. —Con Alarico yd por ella,

Que aquí vos quiero aguardar.


Vanse todos, y queda solo Teodoredo, y dixe.


TEOD. —En la salida del cruel Egipto,

que hizo el pueblo huyendo del tirano,.

muestra, Señor, que tu piadosa mano

santificado le verá, y bendito:

ábrenos el camino á tu distrito,

muéstranos pues esse camino llano,

cerrando el passo al bárbaro Africano

y al cautiuerio mísero y aflito.

Montes dichosos, alegraos vosotros,

tierra de Promission y de memoria

sereys, con estas prendas que os dexamos;

no por nosotros, Dios, no por nosotros,

sino por estas de Seuilla gloria,

estas Reliquias Santas que adoramos.


Entra Honorio con vna campana, y tras del Sisibuto con una caxa, y Alarico con la Santa Imagen de Nuestra Señora.


SISIB. —La caxa es esta, do están

los huessos de San Fulgencio.


TEOD. —Negocio de gran silencio

los mismos montes nos dan.

Llegad sin hazer ruydo.


ALAR. —Esta es la Imagen preciosa.


TEOD. —O Madre, Virgen y Esposa

de aquel Dios por quien lo á sido.


ALAR. —Esta es la cueua.


TEOD. — Poned

essa Imagen mas adentro,

y al Cielo oración hazed.


ALAR. —Non Virgen á vuestro entierro

Apóstoles Santos llegan,

si fijos de Eva, que os ruegan

que os duela de su destierro.

Non ay regalado luán,

non amado Pedro ó Diego,

que á este paternal sosiego

junto á Iosaphat están.

Non ay sino vn pecador

que vos asconde y sotierra

de Guadalupe en la sierra

por el Morisco pauor.

Fuyd vos, Virgen MARÍA,

que non será mucho, quien

fuyó de Herodes también

con su Fijo en compañia.

Y cuando en Gethsemaní

bolastes, y al Cielo luego,

buelta España en su sosiego

también bolareys de aquí.


TEOD. —Si Dios le mandó á Israel

pedir tesoro emprestado,

quando partió del ayrado 

Faraón, pueblo cruel;

Fulgencio, mas harto á sido

sacaros de aquí á vos,

pues soys Tesoro de Dios

para su gloria escogido.


HON. —Alarico, gente suena,

non cumple parar aquí.


ALAR. —Veniduos todos tras mí,

que está la montaña llena.

Virgen, que me voy sin vos?


SISIB. — A Dios, venturoso suelo.


ALAR. —Bien le puedes llamar Cielo,

do fincan Padres de Dios.


Vanse todos, y sale el Pastor de Cdceres, con vna aguijada.


PAST. —Sirua toda la tierra,

en quanto alumbra el resplandor de

el mar ocupa y cierra, (Apolo,

aquel Diuino Sol, increado y solo,

y con júbilo y fiesta

se haga al mundo gloria manifiesta.

Venid, gente dichosa,

venid, enfermos, para que esteys sanos,

pues es !tan cierta cosa

que Dios nos hizo con sus proprias

Esto Dauid cantaua (manos.

quando á mi Dios diuinas gracias daua. 


Sale Aurelia su muger del Pastor.


AUR. —En busca vuestra é venido

desde Cáceres aquí,

y es el camino por mí

en vna mar conuertido.

Y creo deste roció

no an de nacer frescas rosas,

sino espinas ponzoñosas

que crezcan en daño mió.


PAST. —Cómo, mi amada muger,

venís lamentando assí?

dadme luego cuenta á mí

de essa tristeza ó plazer.

Cómo venís al aprisco?


AUR. —Dexo muy enfermo en casa

á mi querido Francisco,

tanto que la habla á perdido,

y creo que se nos muere.


PAST. —Si Dios, Aurelia, lo quiere

que le deys gracias os pido.

Ilde á entretener un poco

mientras recojo el ganado,

sino me lo da el cuydado

que le dexo, casi loco.


AUR. —Venid presto, que en vn fvego

dexo á mi hijo y mi bien.


PAST. —Padre soy, qual vos también,

y á esse mismo punto llego.

Virgen, lo que me dá pena 

es ver su madre afligida,

mas si del soys vos seruida

lleualde muy norabuena.

Que aunque mil desdichas mas

y enmedio de aqueste prado

me abrase el Cielo el ganado,

no os oluidaré jamás.

Virgen, esto os dá un villano

que mas riqueza no tiene;

pero, de qué Oriente viene

Sol tan claro y Soberano?


Ábrese vna Nuue, y aparécese la Virgen


PAST. —Qué es lo que veo ante mí?

porqué mis ojos se eleuan?

porque Pablo, ó porque Esteuan

el Cielo se mueue ansí?


VIRG. —No te mueuas, varón fuerte,

pues siéndolo tu oración,

mereces por galardón

venir á hablarte y á verte.

Conócesme?


PAST. — No soy digno,

Señora, de responderos,

que no cabe en tan grosseros

labios, nombre tan Diuino.

Qué me mandays, Virgen bella?


VIRG. —Una Imagen mia sepulta

aquesta sierra, y oculta 

otras Reliquias con ella.

Vé á tu lugar, y dirás

que á buscalla vengan luego.


PAST. —Con poco crédito llego

si yo lo digo no mas;

que mi opinión es muy flaca.


VIR. —Di al pueblo, que se repare

á donde vn pastor topare

que está domando vna vaca.


PAST. —Zarca Santa de Moysen,

que ardeys, y no os abrassays,

pues el pastor me enseñays

dadme su nombre también.

Como queréis que me crean

sino me days virtud clara,

ó que florezca esta vara,

ó que estos prodigios vean.

Que sino me é descalzado

para llegaros á ver,

es por no poder mouer

de la tierra el pié turbado.


VIRG. —Vé á tu lugar, y hallarás

tu hijo Francisco muerto,

pero llega alegre, y cierto

de que viuo le verás.


PAST. —Pues á de resucitar?


VIRG. —Esto que te digo_dí. 


Desaparécese la Virgen,y el Pastor se leuanta.


PAST. —Harélo Virgen ansí,

que importa no dilatar.

Que bien claro dá mi pecho

noticia desta verdad,

obediente, y satisfecho.


Vase, y sale Aurelia, y Marcelo pastor, con Francisquito muerto en los bracos, y ponelo en el suelo.


AUR. —Poned mi Francisco aquí,

ay mi hijo y mi regalo,

si oy llorando no os ygualo

de alguna piedra nací.

Si es como deuda la muerte,

que muera me satisfaze;

mas la falta que me haze

me aflige assí desta suerte.


MARC.—Pardiez muessama ya es esso

mas que razón en su tanto;

por irremediable llanto

verneys á perder el sesso.

Que essas lágrimas valdías

en valde las derramays,

mientras que á los pies no estays

de otro Carmelita Elias. 

Que sirue á un Ángel llorar,

que está gozando de Dios,

á quien con mas razón vos

deuierades de embidiar?

Que pluguiera á Dios yo mismo

fuera de su muerte diño

en los brazos del Padrino,

en la Pila del Bautismo.


Sale el Cura, y dos Ciudadanos de Cáceres, y el pastor, con acompañamiento.


CURA. — Y que essas señas te dio?


PAST. —Passa como te é contado.


CURA. — O monte y lugar sagrado,

que tal grandeza alcanzó.


MARC.—Ved que está Aurelia llorando

á vuestro hijo difunto.


PAST. —Dexame llegar, y al punto

le vereys viuo, y hablando.

A Francisco?


NIÑO. — Señor padre?


Resucita el niño, y responde á el Padre.


PAST. —Quién os dio vida, mi bien?


NIÑO. —Vos no lo sabeys también?

la Virgen que es de Dios Madre.


AUR. —Es posible mi Francisco

que estas viuo? 


NIÑO. — No lo vee"s?


PAST. —Aurelia mía, después

que partistes del aprisco

la Madre de Dios me habló,

y para que á buscar baxen

á vn valle su Santa Imagen

aquestas señas me dio.

Alabad su Hijo amado,

que tal bien hazer nos quiso.


CURA. —Iuntad gente de improuiso,

pueblo de Dios regalado.

Y juntos con deuocion

vamos á buscar la cueua,

que marauilla tan nueua

no merece dilación.


CIUD. 1.-Nadiedel pueblo hará falta.


CIUD. 2.-Ya la fama lo pregona.


PAST. —Pues á de faltar persona

á marauilla tan alta?

Vamos, y tú Aurelia luego

lleua mi Francisco allá.


AUR. —Luego en vistiéndose yrá.


Vanse todos, y queda Aurelia, y el Niño.


NIÑO. —Y yo no tendré sossiego

hasta que á la Virgen vea.


AUR. —Hijo, donde aueys estado

que sola me aueys dexado,

porque mayor mi bien sea?


NIÑO. —Madre, quién os mete á vos

en querer esso saber,

que soys rústica muger

para secretos de Dios?


AUR. —Hijo, muy mal pregunté.

Que bien á todo responde,

como quien viene de adonde

se vee en obras lo que es Fé.

Ven, pondrete una librea

de Damasco y Tafetán.


NIÑO. —Vamos, pondréme galán

para que á la Virgen vea.


Vanse, suena luego vna campanilla como de buey, y dize vn pastor dentro.


PAST. — A Bragado, andad derecho.

No me emberriñe con vos,

andad, voto al Sol de Dios

que se vuelve á her lo hecho.

Venios tras mí, vaca infame,

no quereys? si llego allá

aqueste puñal hará

que vuestra sangre derrame.


Salen el Cura, y Pastor de Cdceres y los ciudadanos, y gente con acadones.


PAST. —Pues aquí estaua el pastor

con la vaca que domava, 

esta es la cueua,


CURA. — Aquí estaua.


CIUD. I .-Qué raro y Diuino olor,

es de Ámbar esta mina?


PAST. —No es si de vn grande tesoro,

mas rico que plata ni oro.

O prenda Santa y Diuina.


Sacan una caxa con vn papel, y lee el Cura.


CURA. —Qué es esso?


PAST. — Vna caxa

con vna Escritura, (encima)


CURA. —Qué letra?


PAST. — Parece grima.


CIUD. 2.-Gótica es, no la vees? Léela.


CURA. —Este es Fulgencio sagrado,

que fué de Ecija Obispo,

de San Leandro Arcobispo

de Seuilla, hermano amado.

Dentro están las Escrituras

de auténtica claridad.


CIUD. I.-Para tan clara verdad

señales ay bien seguras.


CIUD. 2.-Vna campana está aquí.


PAST. —Y aquí la Virgen Diuina,

Tesoro de aquesta mina.


CURA. —Y tiene Escritura?


PAST. — Sí. 


Lee el Cura la Escritura.


Esta es la Imagen, dixen, que Gregorio

De su Pontifical assiento y Silla

Embió á España por fauor notorio,

Que tanto alcanfa quien á Dios se humilla.

Sisibuto, Alarico, Teodoredo, Honorio,

Quatro Godos Christianos de Seuilla,

La dieron por Custodia á las Montañas

Quando perdió Rodrigo las Españas.


Sale Aurelia con Francisquito niño, vestido muy galán.


NIÑO. —La Virgen tengo de ver.


PAST. —Llega hijo, vesla aquí.


NIÑO. —Yo soy, Señora, quien fuy,

y quien por vos bueluo á ser.

De mi, aunque niño pequeño,

os seruid, Reyna y Señora,

que soy vuestro desde agora,

y vos mi Diuino Dueño.

Ya teneys el alma mia,

ya no tengo mas que os dar,

sino contino os llamar

Sagrada Virgen Maria.


AUR. —Qué dirá vna labradora

de tan tosco trage y ruda,

sino que el favor le acuda 

de tan alta Emperadora?

No sé que diga de vos,

mejor me será callar,

y de contino os llamar

Virgen y Madre de Dios.


CURA. —Deste sucesso presente

á Dios se deue la gloria,

en cuyo nombre, y memoria

este milagro se cuente.

Vna Hermita fundaremos,

si mas possible no es,

que de limosna después,

si Dios quiere, iglesia haremos.

Y porque su nombre ocupe,

y con fama se derrame,

la Imagen de oy mas se llame

la Virgen de Guadalupe.


PAST. —Todo el pueblo la acompaña,

y dá fin la alegre Historia

de devoción, y memoria

de las Grandezas de España. 


LAVS DEO.